Todo lo que nunca te han contado sobre el poker

Manos mediocres

Probablemente habrás comenzado a jugar al poker sin tener demasiado cuidado de las cartas iniciales que caen en tus manos. Pronto habrás aprendido que debes ser muy selectivo con las cartas iniciales que llevas al flop, porque a la larga, las cartas mediocres sólo te harán perder dinero, y estarás dejando al azar del flop tu continuidad en la partida. Si conoces ya las cartas iniciales de mayor calidad, aquellas con las que debes apostar de forma agresiva para sacar el mayor bote de tus rivales, quizás también te convenga conocer aquellas cartas con las que no debes ir en casi ningún caso, sin importar tu posición o la fase en la que se encuentre la partida.

En primer lugar, debemos considerar el hecho de que tener una carta alta junto a otra de menor valor no nos garantiza formar una mano tras el flop. Un K-2 no es una buena mano por mucho que hayamos obtenido un rey, especialmente si son de diferentes palos, ya que será casi imposible conseguir una mano fuerte como una escalera o un color, y aunque formemos una pareja de reyes, el 2 encargado de respaldarnos es demasiado débil. Debemos tener especialmente cuidado con estas cartas, incluso cuando en lugar de un 2 contamos con una carta de más alto valor, como un 9 o un 10. Son cartas de mayor calidad, pero la distancia en cuanto a numeración y la diferenciación en cuanto a palos restan gran calidad a la mano, por lo que habrá que tener cuidado con la agresividad de nuestras apuestas si decidimos jugarlas.

Una mano como K-9 puede crearnos la ilusión de que formaremos una gran mano, pero difícilmente pasaremos más allá del flop con ellas, y en ocasiones, el simple hecho de ir a todas estas manos nos hará perder dinero a largo plazo. Jugarlas o no puede depender de nuestra posición en la mesa (una posición tardía será mucho más beneficiosa, para observar las acciones del resto de jugadores).

Otro ejemplo de mano mediocre sería aquella formada por números bajos de palos diferentes. Un 2-5, un 5-10 o un 2-7 son ejemplos de algunas de las peores cartas iniciales del juego. En estos casos, jugar un 6-7 sería incluso mejor que jugar un 5-10, ya que la proximidad de los números nos complica el hecho de formar una mano interesante, como una escalera. De hecho, si obtenemos una mano inicial como un 9-8 del mismo palo en posición tardía, quizás merezca la pena jugarla por la probabilidad de formar una escalera o un color, por lo que esta mano puede contar a veces con más poder que un 9-K, sin ir más lejos. La peor mano del juego es probablemente el 2-7, debido al bajo valor de las cartas y la distancia entre los números.